Gestión de proyectos
Desde que empiezan los proyectos hay que tener en mente el momento más importante: la reunión de cierre
Aún recuerdo el día que Pedro García me encomendó mi primer proyecto. Era un proyecto con un alcance pequeño y que formaba parte del portfolio que gestionaba en everis. Para mi fue un día imponente, me acababan de asignar una responsabilidad tremenda, tenía que conseguir que se realizasen unos cambios en los procesos del departamento de recursos humanos y estaría yo solo a cargo de toda la gestión. Mientras tomaba un café, le daba vueltas y llegué a la conclusión de que al final siempre conseguía que todos mis planes saliesen bien. Después de tomar el último sorbo de café me puse delante del cuaderno y del portátil. Empecé a poner por escrito todo lo que me había contado sobre el proyecto, buscar documentación y garabatear mi primer project charter. Al final, el proyecto salió en tiempo, consiguiendo cumplir todos los hitos y todos los entregables fueron aceptados por el cliente. Aún recuerdo el momento después de la reunión de cierre, bajé a estirar un poco las piernas y me acordé del Coronel John "Hannibal" Smith encendiendo su puro y diciendo "Me encanta que los planes salgan bien."
Después de ese primer proyecto, ya no he dejado de dirigir proyectos. Poco a poco, los proyectos y mi experiencia han ido creciendo hasta formar el profesional que actualemnte soy. Meticuloso, organizado, planificador, buen comunicador y sobre todo, capaz de conseguir que las cosas sucedan.
Tras unos años de experiencia, me gustaría compartir un símil que recientemente he descubierto entre los proyectos y las expediciones alpinas. Hablando con diversas personas me he dado cuenta de que mucha gente ve los proyectos como esa escalda al Mont-Blanc, al Elbrús, o porque no, como escalar el Annapurna. Muchos solo piensan en llegar a la cima y pocos piensan que tienen que bajar. Muchos hacen el esfuerzo de planificar y llegar, pero una vez han llegado y han gastado sus fuerzas, tienen que volver al campo base, al hotel o al coche y contar a sus amigos y familia su hazaña. El común denominador de todos aquellos que han vuelto es que han contado con un buen Guía de Alta Montaña que ha sabido gestionar el esfuerzo que tenían que realizar. El guía de montaña se ha encargado de una forma casi imperceptible de que todos los elementos que necesitaba el montañero estuviesen cuando los necesitaba, en el lugar que los necesitaba, ya fuesen consejos, ánimos o incluso, abrir la vía e instalar las escaleras y los anclajes necesarios para poder cumplir el objetivo de la expedición, llegar a casa tras haber hecho cima. Si os habéis fijado bien, para el guía de montaña, el primer objetivo ha sido volver a casa y el segudno hacer cima. El aventurero sólo tenía en la cabeza hacer cima, igual que el empresario sólo tiene en la cabeza conseguir esa reducción de costes que necesita, o implementar esa herramienta; no piensa en que hay que conseguir que ese hito encaje en toda la organización y realmente ese esfuerzo esté perfectamente sincronizado con el resto de la compañía.
Es por eso que, contar con un buen director de proyectos en una organización, es igual de importante que contar con un buen guía de montaña en una expedición. Estaré encantado de que juntos consigamos todos los objetivos empresariales que tu organización se proponga. Igual que se preocupa el buen guía de alta montaña, me preocuparé de todo lo que rodea a tu "Annapurna" para que tú sólo te centres en lo que tienes que hacer, caminar.
¿Quieres que trabajemos juntos y conquistemos la siguiente cumbre de tu organización? Mándame un email a través del siguiente botón


